Cooperativas de consumidores

Hola a tod@s!


Traigo buenas noticias para los que vivimos en el Aljarafe sevillano y apoyamos la alimentación ecológica (de los casi mil contactos de mi lista de distribución, estimo que al menos la mitad vivís en Sevilla provincia). Hace poco más de un mes han abierto en Mairena del Aljarafe una tienda que vende exclusivamente productos de alimentación ecológica. Aunque acaban de empezar, con intención de crecer en cantidad y variedad de productos en una amplia nave, disponen de frutas y verduras frescas, legumbres, cereales, pan, leche, lácteos, huevos, carnes,…, todos con calidad ecológica certificada. Yo, ya les he comprado en tres ocasiones, además de compartir información y, tras comprobar los precios de los productos que habitualmente consumo, me parecen bastante parecidos a los de la Ortiga en Sevilla (cooperativa de consumidores de productos ecológicos de la que soy socio). No obstante, les he proporcionado información sobre precios y proveedores locales (con una fotocopia de los tickets de compra últimos en ambos establecimientos, así como con las etiquetas o envases de algunos productos para contactar con proveedores) para que puedan comparar sus precios con los de la Ortiga y sobre todo, para que apuesten por productos cosechados y elaborados lo más cerca posible de nosotros. Aunque os pueda parecer desleal lo que hago como socio de Ortiga, no os quepa duda de que lo hago con Amor y con el deseo de que cada vez sean más las tiendas y cooperativas de productos ecológicos que vayan abriéndo o transformándose. En mi caso, a partir de ahora, compraré los productos ecológicos para mi familia, tanto en Eslaveco como en La Ortiga. Por considerar que es lo más justo, copiaré en este boletín dos capítulos del libro que, como sabéis la mayoría de vosotros, estoy escribiendo, relacionados con las cooperativas de consumidores de productos ecológicos, donde hablo sobre mi experiencia personal con la Ortiga y, por otro lado, del comercio justo. A continuación os copio la información de contacto y dirección de la tienda de Mairena del Aljarafe y de las dos tiendas de La Ortiga en Sevilla:

ESLAVECO: www.eslaveco.com, Polígono PISA, C/ Horizonte, nº7 – Mairena del Aljarafe

LA ORTIGA:  www.laortiga.com, C/Cristo del Buen Fin, nº4 y C/Tigris, esquina con Séptimo Día – ambas en Sevilla
Espero y deseo que este boletín os sea útil y que, si así lo sentís, lo reenviéis a todos vuestros contactos.

Un fuerte abrazo.

Manuel López Arrabal (www.lahuelgatranquila.blogspot.com)

Cooperativas de consumidores


En la actualidad, todavía se piensa que consumir alimentos ecológicos está solo al alcance de familias con un alto nivel de rentas. Es un mito que se ha extendido incluso a través de los medios de comunicación. La realidad es exactamente la contraria. Un estudio realizado por la Universidad de Jaén (España), afirma que “existe una relación inversa entre el consumo de alimentos ecológicos y el estrato socioeconómico”. Es decir, las familias con más ingresos consumen menos productos ecológicos en relación a las de menor poder adquisitivo que consumen y se interesan más por este tipo de productos. Asimismo, se consume más alimento ecológico en las zonas rurales y poblaciones de menos de 10.000 habitantes que en la ciudades. Según estos datos, la conclusión es sencilla, más que dinero lo que prima es el interés por lo ecológico y disponer de tranquilidad para buscar y garantizarse el suministro periódico de esta clase de productos.

La preferencia por lo ecológico es más bien un asunto de cultura que de bolsillo. Por otra parte, la ecología está estrechamente vinculada a los movimientos a favor de la transformación social. Además, es muy importante saber que estos alimentos naturales no se adquieren solo en algunas tiendas y supermercados (afortunadamente cada vez se ofrecen más), sino que existen multitud de asociaciones y cooperativas de consumidores de productos ecológicos. Hoy día, hay muchos consumidores conscientes que se agrupan para adquirir estos productos al por mayor de los distribuidores o directamente de los agricultores, ahorrándose el coste de todos o gran parte de los intermediarios. A cambio, asumen el trabajo de realizar los contactos, acordar los precios y gestionar el reparto de los alimentos. Cada vez hay más cooperativas de este tipo que funcionan muy bien. Sus socios, aunque solo busquen comer sano, consiguen mucho más: revitalizan las huertas cercanas, apoyan la cultura rural, reducen el impacto ambiental, favorecen la digna remuneración de los agricultores, y mejoran su conocimiento de los alimentos. Formar parte de una asociación de consumidores de productos ecológicos es la mejor manera de conseguir productos sanos y sabrosos a buen precio. Igualmente, permite al socio conocer cuáles son los alimentos de temporada y cuáles son las variedades locales de las frutas y hortalizas que consumen. Además en muchas de estas cooperativas también se venden productos ecológicos de comercio justo que no se pueden producir a nivel local ni nacional, como son ciertos tipos de conservas, legumbres, cereales, café, té, bebidas y chocolate. Por supuesto, la mayoría también suelen proveer alimentos básicos como son los derivados lácteos, los huevos, el pan y la carne ecológica. También las hay que venden productos de cosmética natural, de higiene y limpieza como el papel higiénico reciclado o el detergente ecológico, e incluso libros.

Este tipo de asociaciones y cooperativas funcionan todas de forma similar. Unas cuantas familias del municipio o barrio se organizan en torno a un pequeño local cedido, prestado o alquilado donde reciben los productos directamente de los productores. Normalmente no llegan a 50 las familias que las componen, para facilitar el reparto de tareas como son la gestión y compra de pedidos, mantenimiento del local, la contabilidad y la comunicación con los socios. A veces, por su crecimiento deciden desdoblarse para simplificar su gestión. Sin embargo, ya existen muchas cooperativas con mayor número de socios como Almocafre en Córdoba, La Ortiga en Sevilla o Ecosol en Madrid. Estas cuentan al menos con una persona asalariada y con uno o más locales para la venta de productos a socios y no socios. Por supuesto, los socios disfrutan de un descuento en todos los productos y, como en el caso de La Ortiga, los socios colaboradores disfrutan del doble de descuento. En cuanto a la cooperativa sevillana La Ortiga, he de decir que formo parte de ella, conformándola actualmente más de 300 socios. Nació como asociación en el año 1993, convirtiéndose en cooperativa de consumidores en el 2001. Con 17 años de historia que la avalan, sus socios la definen como una organización sin ánimo de lucro, autogestionada, democrática y transparente. Disponen de dos tiendas con amplios horarios de apertura de lunes a sábado, con un servicio especial de reparto a domicilio para socios. También se incentiva al socio que se desplace en medio de transporte público, abonándole el precio del billete siempre que la compra exceda de 30 euros. La cooperativa hispalense, aparte de ofrecer casi mil productos diferentes, invita a los socios a participar en la gestión, organización y toma de decisiones de la cooperativa, ya sea colaborando como voluntario en sus distintos grupos de trabajo, aunque sea puntualmente, o participando activamente en cualquiera de sus órganos de gobierno y representación. Sus grupos de trabajo funcionan en torno a cuatro a áreas: control de calidad, actividades culturales y formativas, comunicación y sensibilización, e iniciativas y proyectos. Se encargan, entre otras actividades, de gestionar la biblioteca y la página web, editar dos revistas periódicas, participar en actividades de sensibilización y educación, preparación de asambleas, visitar a los productores, organización de excursiones y actividades, o representar a La Ortiga en foros y redes sociales.

Por motivos sociales y ambientales, la preferencia por lo local forma parte de la filosofía de los grupos de consumidores ecológicos. También evitan los productos certificados legalmente como ecológicos que procedan de empresas que no sean coherentes, como los de algunas multinacionales que para lavar su imagen, los venden. Éstas, sin embargo, de forma paralela continúan desarrollando su principal actividad lejos del lugar de venta de sus productos, producen alimentos transgénicos tratados con plaguicidas e incluso permiten la intervención de mano de obra explotada.

En cuanto a los precios, hay que decir que en muchos casos se consiguen acuerdos con los agricultores, garantizándoles un volumen de compra mínimo y estable durante todo el año, consiguiéndose a cambio unos precios de venta para los socios sin fluctuaciones, también para todo el año. Esto supone en muchas ocasiones, que los alimentos ecológicos estén más baratos que los del resto del mercado. Mucho más económicos podrían ser si en España se consumiera la mayor parte de su producción ecológica, ya que actualmente más del 80% de este tipo de alimentos se exportan. Otro factor importante a tener en cuenta es que muchas cooperativas, agrupadas en una confederación de productores y asociaciones de consumidores de productos ecológicos, consiguen comprar de forma conjunta grandes volúmenes de producción a ciertas comarcas de productores, consiguiéndose de esta manera aún mejores precios. A este modelo de producción y venta a mayor escala se la llama agricultura de responsabilidad compartida o agricultura sostenida comunitariamente.

Cada vez son más las personas que se rebelan contra el actual sistema industrial de cultivo, distribución y consumo alimentario. En Cataluña, cerca de 2.500 familias han optado por autoorganizarse en cooperativas de consumidores de productos ecológicos que cumplan con unos requisitos de calidad, éticos y de sostenibilidad. Actualmente, hay cerca de 50 cooperativas de este tipo en Cataluña, pero es durante los cinco últimos años cuando este fenómeno cooperativista esta  experimentando un “boom” que les hace crecer a un ritmo de unas cien familias al año, según cuenta Oriol Martí, de la asociación Ecoconsum que integra a 20 de estas agrupaciones.

Muchos productores ecológicos se encuentran muy cerca, e incluso dentro, de las grandes ciudades, favoreciendo la subsistencia de terrenos de cultivo que de otra manera hubieran podido terminar como suelo urbanizable. Estos agricultores llevan directamente sus frutas y hortalizas desde el árbol o el huerto al local de la cooperativa situado a muy poca distancia, sin necesidad de pasar previamente por almacenes ni cámaras de frío. Además, la cercanía de estos grupos de productores-consumidores de productos ecológicos hace que familiares, amigos y vecinos se interesen y entusiasmen por esta forma comunitaria y alternativa de compra, mucho más enriquecedora y gratificante que el modelo individualista dominante. Por otra parte, el contacto amistoso con agricultores cercanos permite que muchos socios y aspirantes a socios visiten los huertos donde crecen los alimentos ecológicos, así como acariciar las cabras y vacas, o ver de cerca las gallinas.

Crear o asociarse a una de estas cooperativas, encaja perfectamente como una de las mejores alternativas para restablecer el equilibrio de la naturaleza, disminuir los efectos sobre el cambio climático y favorecer la recuperación de la economía. La compra de alimentos y productos ecológicos por estos grupos, reduce la generación de basura y la emisión de gases con efecto invernadero, debido a que se evita el transporte de largas distancias y la fabricación de envases. En las cooperativas se vende a granel y cada cual se lleva su parte en bolsas reutilizables, cestas y cajas. Este modelo de consumo, es la gran alternativa al poder de las multinacionales alimentarias y de las entidades financieras. Estas últimas, son también grandes beneficiarias del enorme volumen de dinero que mueven dichas empresas transnacionales. Es por ello, que las cooperativas se han convertido en protagonistas de una rebelión silenciosa contra el actual sistema de cultivo, distribución y consumo. De hecho, el objetivo declarado por muchos de los nuevos socios es no volver a pisar un supermercado, donde la cesta de la compra globalizada puede reunir manzanas de China, peras de Chile o Kiwis de Nueva Zelanda, impregnados de plaguicidas y aditivos para prolongar su conservación y mejorar su aspecto.



El comercio justo


El comercio justo es un mercado económico alternativo muy poco conocido sobre todo en España. Un español gasta una media de 38 céntimos al año en productos de comercio justo, cinco veces menos que un holandés o siete veces menos que un suizo. Aunque en ambos casos las cifras parecen insignificantes, este mercado está siendo conocido cada vez más y empieza a crecer a un ritmo mucho mayor que el todopoderoso mercado capitalista. El objetivo del comercio justo es principalmente favorecer a los pequeños productores de los países pobres, organizados en cooperativas, para que obtengan la mayoría de los beneficios por la venta de sus productos. Los gastos de los intermediarios se reducen al mínimo necesario. De este modo, se evita la explotación de los trabajadores, la mano de obra infantil y los abusos de las empresas distribuidoras y multinacionales alimentarias. Estas “megaempresas” controlan los precios, obligando a los agricultores y ganaderos a vender muy barato, sin tener en cuenta las condiciones de vida de las familias de los trabajadores. El comercio justo, en cambio, permite que el dinero de los ciudadanos concienciados de los países desarrollados pueda ayudar en la mejora de las condiciones de vida de las familias y comunidades de los países más desfavorecidos. Se calcula que hoy día en los países del Sur hay 7,5 millones de personas que han mejorado sus condiciones de vida gracias al comercio justo. A principios de 2010, había 746 cooperativas productoras de comercio justo repartidas en 58 países pobres.


La iniciativa de este tipo de comercio tiene su origen en el año 1964, cuando se celebró la primera conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Dicho encuentro dio lugar a la apertura de las primeras tiendas solidarias en Holanda, Alemania, Suiza, Austria, Francia, Suecia, Gran Bretaña y Bélgica, promovidas y apoyadas por organizaciones progresistas y de estudiantes. En la actualidad, existen más de 3.000 tiendas que venden exclusivamente productos de comercio justo en Europa, Canadá, Estados Unidos y Japón, pertenecientes, en su gran mayoría, a organizaciones no gubernamentales o cooperativas de consumidores, siendo las menos de gestión privada.  Últimamente también se pueden encontrar productos de este tipo en algunas tiendas y supermercados convencionales. Para distinguirlos, se ha creado el Sello de Comercio Justo (FLO, son sus siglas en inglés), que lleva la palabra FAIRTRADE, y que es usado actualmente en los 22 países más consumidores de estos productos. Hay un millón y medio de trabajadores en los países del Sur vinculados al sello FLO, con lo que se calcula que mejoran las condiciones de vida de 7,5 millones de personas, una población similar a la de Cataluña. Según estadísticas recientes, sólo el 28% de los españoles reconocen el Sello de Comercio Justo, mientras que en el Reino Unido, el porcentaje llega al 95%.


Si las pequeñas y medianas empresas privadas (tiendas, supermercados, pequeños hoteles u hostales, alojamientos rurales, bares y restaurantes, etc.) van asumiendo poco la adquisición de productos procedentes del comercio justo, aumentarían las exportaciones de África, Asia y América Latina; si aumentaran en sólo un 1%, saldrían de la pobreza unos 128 millones de personas. La estrategia de penetración en los supermercados ha servido para que la venta de estos productos certificados, se haya incrementado un 50% entre los años 2004 y 2008. Precisamente en el año 2008, el importe total de las ventas en todo el mundo de estos productos, ascendió a casi 3.000 millones de euros, lo que significa un 22% más que año anterior. En España el crecimiento ha superado el 28% en el 2009 con respecto al 2008, facturándose un total aproximado de 15 millones de euros.


Sin embargo, hay ONGs que prefieren mantener completamente separados los canales de distribución para que ninguna empresa que pueda colaborar con otras abiertamente explotadoras, obtenga también beneficios del sistema alternativo. Para estas organizaciones el objetivo no puede ser sólo vender más. Federica Carraro, miembro de la organización Sodepaz, afirma que nunca se puede justificar la colaboración con empresas que crean empleos temporales y de baja calidad. Si el comercio justo construye un modelo coherente a base de asociaciones, cooperativas y consumidores concienciados, a largo plazo su eficacia puede ser mucho mayor que colaborar aceleradamente con un sistema que no quiere cambiar. A este respecto, el profesor de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, Pablo Pérez Akaki, cita como ejemplo la cadena de cafeterías Starbucks, que por una parte se beneficia de los bajísimos precios a los que obtiene el grueso del café que vende, y por otra, sirve unos cuantos cafés ecológicos de comercio justo para poder lavar su imagen de cara a sus clientes.


A España llegan artículos de comercio justo de 43 países de Asia, Africa y América Latina, que se venden en un centenar de tiendas especializadas y a través de algunas ONGs (IDEAS, SETEM, INTERMON OXFAM, entre otras). También hay tiendas de dietética y de productos ecológicos que los ofrecen por ser, los de comercio justo, de excelente calidad y casi siempre ecológicos cuando se trata de alimentos, textil o cosmética. También se comercializan multitud de productos de artesanía, como por ejemplo, muebles, accesorios del hogar o complementos para vestir. Normalmente, estos artículos suelen ser de un 15 a un 30% más caros que los similares no ecológicos de los supermercados y tiendas convencionales. Pero ¿por qué resultan más costosos si se evitan los intermediarios? La respuesta es bien sencilla: comprar calidad y pagar sueldos dignos tiene su precio. Además, el precio que finalmente paga el consumidor por ellos no es el que le gustaría pagar o está acostumbrado a pagar, sino lo que valen realmente.


Precisamente los precios más altos de los productos solidarios están sacando a la luz la cadena de abusos necesaria para que los ciudadanos de los países más ricos, compren toda clase de productos a bajo coste. Por otra parte, el precio de los productos convencionales es consecuencia del libre mercado y la voraz competencia en los países ricos. El objetivo de abaratar los precios de los productos para hacerlos más competitivos, afecta fundamentalmente al productor, quien finalmente acaba recibiendo una miseria por su trabajo. El sistema de comercio justo funciona exactamente al revés. Los productores, miembros de cooperativas democráticas, deciden cuánto quieren cobrar para satisfacer sus necesidades. Las condiciones de trabajo son dignas, el salario es justo en relación al nivel de vida en su país y finalmente el producto resultante es de una calidad garantizada. Además, se firman acuerdos de colaboración a largo plazo, suprimiéndose así la incertidumbre que caracteriza a las estrategias capitalistas neoliberales. De esta forma, para el caso de los agricultores, la organización o empresa distribuidora solidaria les adelanta un 50% de lo pactado, garantizándoles un mínimo por si la cosecha es mala.


Finalmente, a modo de ejemplo, deseo hacer mención especial de una empresa privada nacida en el año 2004 en Barcelona, cuyo fin primordial aparte de obtener rentabilidad (con escaso margen de beneficios sobre los precios, según explican en su web) es la de promover el comercio justo y la solidaridad, dando a conocer otras culturas y realidades del mundo. Olokuti es un nuevo concepto de empresa nacida de la ilusión y unión de un grupo de artistas, artesanos y productores de varios países. También ofrece formas de ocio y consumo alternativos, además de exposiciones, conciertos de música, recitales literarios, proyecciones, talleres y charlas. Habitualmente organizan encuentros monográficos sobre las distintas culturas del planeta. Disponen de tres tiendas en Barcelona y sus programas de actividades así como su tienda on line se pueden conocer a través de su página web, www.olokuti.com.


PAZ, AMOR Y SUFICIENCIA PARA TOD@S


Comentario personal: Cada uno es muy libre de ingerir lo que le plazca. Desde mi punto de vista, creo que la mejor manera de “no atascar el cuerpo biofotónico” es el crudiveganismo “ecológico”, el sun gazing y el agua de mar lo más pura o disolución salina del himalaya. A parte, claro está, hay que tener buenas emociones y pensamientos, y actuar de tal forma con el mundo que te rodea. Si uno no desea prescindir de algunos productos poco recomendables, al menos que busque ecología en él.

https://miradentrodetidespierta.wordpress.com/2010/10/19/crudiveganismo-y-sungazing-para-salvar-gaia/

https://miradentrodetidespierta.wordpress.com/2011/02/14/beber-agua-de-mar-lo-cura-todo/

Si la gente coopera, primero será en una cosa, y luego en otra, y luego en todas, y se acabará la pirámide iluminati de control. Sólo hay que cooperar cada vez más conscientemente (AMOR-ARMONÍA) en vez de competir desde los instintos básicos (MIEDO Y ESTRÉS).

 

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